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28 MAR 07 | Factores de agresión y la respuesta orgánica
La salud del anestesiólogo: Parte I
Primer artículo -de una serie- acerca de los problemas de los trabajadores de la salud, fundamentalmente de los anestesiólogos, y sus implicancias.

Dres. Miguel Angel Paladino, Héctor Martinetti
 
ÍNDICE 
Desarrollo
Bibliografía
Desarrollo

Nosotros los anestesiólogos, en especial los que ejercemos algún grado de liderazgo, debemos hacer los esfuerzos que sean necesarios para que en todos los sitios de trabajo en los cuales se desempeñen nuestros colegas, se cumpla con unos requisitos básicos que permitan minimizar tanto como sea posible todos aquellos riesgos de salud a los que estamos expuestos con nuestro ejercicio profesional.

Dr. Gustavo Calabrese
Coordinador de la Comisión de Riesgos Profesionales de la CLASA


La primera misión del médico es cuidar la salud, incluso la propia

El grado más alto posible de salud de los trabajadores, debería ser un objetivo social, ya que contribuye a que el resto de la población alcance un nivel de salud sastifactorio. El principal problema es la falta de información sobre las noxas y la débil percepción que tenemos del daño que puede causar.  La salud se ha transformado en los últimos años en un tema de interés central tanto a nivel individual como general. Lo saludable ocupa actualmente un importante lugar en la cultura social. La promoción de la salud se ha convertido  en una clave emblemática de cambios culturales y sociales.  Mujeres y hombres de nuestro tiempo sufrimos tensiones cotidianas causadas por nuestro trabajo. Sin duda hemos escuchado decir que es bueno tener un poco de estrés, puesto que ayuda a funcionar rápidamente, a ser productivas y a agudizar nuestra mente y nuestra creatividad. Sin embargo, cuando sentimos que las tensiones se nos hacen insoportables o bien nuestro cuerpo comienza a mostrar síntomas, más vale hacer un alto en el camino y preguntarnos qué es lo que no estamos haciendo bien.

Se acepta que el riesgo es un hecho inherente a toda actividad humana. Los médicos solemos menospreciar o negar los conflictos que implica para nosotros nuestra actividad profesional. Todos intuimos que existen riegos pero no tenemos claro cuáles son éstos ni cómo prevenirlos. Por lo tanto además de cuidar a nuestros pacientes deberíamos cuidarnos a nosotros mismos.
El desgaste profesional se ha descrito en multitud de profesiones en las que predomina el contacto interpersonal, tales como trabajadores sanitarios, educadores, miembros de los cuerpos de seguridad, funcionarios de justicia, personal de ambulancias, etc. Se han efectuado varios estudios al respecto. Dentro de las profesiones  es el personal médico y de enfermería uno de los más afectados por el problema. Las principales unidades en las que se produce el fenómeno son en quirófanos, unidades cuidados intensivos, unidades de cuidados paliativos, establecimientos pediátricos y geriátricos, unidades oncológicas y unidades de trasplante de médula ósea y aunque se da tanto en el medio hospitalario como extrahospitalario, pero sin duda parece ser más frecuente en el hospital. La excepcional altura alcanzada por el estrés en los trabajos hospitalarios y en su personal de salud es, sobre todo, el resultado de la combinación de una labor de intensa responsabilidad con una disponibilidad y entrega continuamente abierta a las necesidades de los enfermos.

En el ambiente hospitalario, la salud mental requiere una especial atención, debido principalmente a que existen diferentes factores que limitan el desarrollo personal y del trabajo de los empleados, entre ellos: horarios de trabajo, atención a individuos enfermos que en ocasiones enfrentan crisis, el sentimiento provocado por la muerte, las crecientes demandas de las personas que no quedan satisfechas con los servicios recibidos. Dichos factores actúan directamente sobre el individuo y el grupo de trabajo, provocando un malestar que puede manifestarse en fuertes cargas negativas, estrés e insatisfacción entre otras, lo cual genera una deficiente calidad de la atención hacia el enfermo y en el trabajador de la salud puede producirse un estado de agotamiento por estrés. Cuando los profesionales de salud se ven afectados por el Síndrome empiezan a sentirse irritables, aumentan las ausencias laborales, baja la calidad de atención, presentan disturbios del sueño y otros síntomas, que pueden inducirlos al consumo de alcohol, a la automedicación con psicofármacos o al consumo de drogas ilegales.

El mayor origen del estrés se relaciona con la presión del tiempo en el trabajo, la mayor causa de insatisfacción se asocia a las relaciones con los pacientes y los colegas. Altos niveles de estrés ocupacional se asocian con menor satisfacción en la práctica profesional y mayores actitudes negativas hacia el sistema de cuidados de la salud. Hans Selye afirmó, hace más de 50 años, que ”El hombre moderno debe dominar su estrés y aprender a adaptarse, pues de lo contrario se verá condenado al fracaso profesional, a la enfermedad y a la muerte prematura” Las personas influyen sobre su  entorno y responden a sus estímulos. Presta atención a las estructuras cognitivas, que son sus suposiciones y creencias tácitas que configuran la manera habitual que tiene la persona de representarse a sí misma y al mundo donde esta inserto o que lo rodea. En todos los casos hay que considerar la resistencia o vulnerabilidad específica que presentan los diferentes individuos a similares factores de estrés y sus variadas respuestas subjetivas, que hacen que se llegue a generar estrés que perdura en el tiempo.



El anestesiólogo y su salud

La importancia del enfoque de los factores de riesgo  radica en la posibilidad de tomar conductas preventivas. Es necesario efectuar una evaluación de los riesgos que existen en nuestros lugares de trabajo, su ubicación, su distribución además de la  identifación de su peligrosidad. La identificación, cuantificación y el control de los riesgos laborales constituye en si mismo un obstáculo para su prevención.
Para los anestesiólogos la casi única preocupación ha sido la vigilancia y el confort del paciente puesto a nuestro cuidado. Hoy es inevitable tomar conciencia de los riesgos que nuestro quehacer, presenta para nuestra salud. No negarlos y prevenirlos en la medida de lo posible es una tarea primordial.
El anestesiólogo en razón de su especialidad, está expuesto a una serie de agresiones tanto extrínsecas como intrínsecas Dentro de los factores de riesgo para padecer el Síndrome se han descrito factores individuales tales como : perfeccionismo, supresión de sentimientos, dificultades para decir "no" ante la demanda excesiva, sentimiento de ser poco responsable e ineficaz, dificultades para tomar vacaciones, baja autoestima, personalidad obsesiva compulsiva, incapacidad para contar sus problemas personales.  Ver cuadro Nº 1

El anestesiólogo, en general, es una persona de acción; de acción meditada, que según exija la situación, pueda ser lenta y reposada, o rápida e instantánea; esta adaptación a la circunstancia, esta flexibilidad capaz de ajustarse a las exigencias de cada caso y permitir dicha acción son características de nuestra especialidad. Tenemos la convicción de que la duda, es enemiga del especialista; pues la incertidumbre genera una situación de estrés adicional.
Es menester en este momento, reconocer que la realidad actual de nuestro quehacer dista mucho de su real posición, pues existe una grave crisis de la mayoría de las personas que nos dedicamos a esta profesión anestesiológica. El acto anestésico quirúrgico y su entorno, desencadenan en el anestesiólogo  una serie de dificultades por el impacto emocional que ocasiona. Esto suele darse de manera consciente e inconsciente. El estrés y el miedo o incertidumbre, siempre están presentes en mayor o menor medida, independientemente de la experiencia de cada profesional. La incertidumbre es generadora de estrés; por lo tanto, el acto quirúrgico también, ya que no sabemos que nos puede pasar o que  pasará realmente.

Toda intervención anestesiológica genera un temor que "debería " reducirse o controlarse en la medida que el mismo pueda ser superado adecuándose a la situación, pero en muchas ocasiones no es así. Las personas difieren en la percepción y evaluación de la realidad, al punto de ser factible el divorcio total entre ideas y amenazas objetivas del entorno.

Una vez que el problema se ha resuelto, el organismo vuelve a su funcionamiento normal. La tarea del anestesiólogo presupone un gran estrés, ya que de él depende estrechamente la vida del paciente. El organismo desde el punto de vista psicológico se adapta a través de cuatro ejes:
· Psicofisiológico
· Psiconeuroendócrino,
· Psicoinmunológico 
· Conductual.
 
Origen de las agresiones

El fundamemento de esta  labor se basa en la percepción y en los esfuerzos para evitar los riesgos laborales. Esta tarea se hace lenta, los problemas ambientales, sociales, sanitarios, biológicos, etc. se incrementan de manera mucho más rápida que las medidas para evitarlas. La sociedad no dispone de medios para  detectar y corregirlos. La toma de decisiones, a menudo se desarrollan en condiciones de desconocimiento e incertidumbre. El marco legal en nuestro país, en el ámbito nacional es la ley 19.587 sobre Higiene y seguridad del trabajo del año 1972 y la ley 24.557 sobre Riesgo de trabajo.
Nuestra hipótesis es que la insuficiente, errónea o definitivamente ausente percepción o identificación de lo  riesgos laborales constituye en si misma el primer obstáculo para la prevención de los mismos.

Las agresiones a las que estamos expuestos los anestesiólogos son de variado origen
· Las agresiones psicosociales vinculadas a la respuesta de cada persona frente a las exigencias planteadas (horarios extensos y/o nocturnos, exceso de trabajo, pacientes problemas, etc.). El miedo a lo desconocido..
· Las agresiones físicas como la polución sonora, iluminación, cambios de temperaturas, polución ambiental, los anestésicos halogenados, distintos tipos de radiaciones, los rayos X, los láser,  que afectan especialmente a quienes realizan anestesias en determinada áreas de diagnóstico o en determinadas cirugías.
· Las agresiones biológicas La infección por bacterias, hongos, virus, (hepatitis, VIH, etc.) son en general bien conocidos pero frecuentemente no se usan las medidas adecuadas de protección. . La cirugía con rayos láser plantea además el riesgo adicional de contaminación virósica (en particular por herpes).
· Las agresiones por posibles demandas legales. No hace muchos años el médico era considerado como un profesional de prestigio con una alta consideración social. Actualmente raro es el día, que no sale en la prensa una noticia de negligencia médica, que nos hace sentir en permanente acoso.
El "ambiente" y la forma de trabajo de los anestesiólogos predisponen a la aparición de patologías “profesionales”. El clima social en los contextos laborales - organizacionales de salud involucra el estudio de variables físicas y sociales que se encuentran insertas en el mismo. Desde la Ecología Social, se centra en el estudio de la conducta humana, abordada desde múltiples variables: sociales, biológicas, arquitectónicas, político organizativas del ambiente, características de los habitantes del contexto, así como dimensiones psicosociales de grupos e instituciones, desde la perspectiva de la percepción de los ambientes por los sujetos que los habitan
Los anestesiólogos somos  grupos humanos heterogéneos que convivimos durante períodos prolongados en ambientes cerrado o restringidos sometidos a situaciones de tensión psíquica y física. Alejados muchos días del ritmo circadiano normal. A ello se agrega la sombra cada vez más real de la demanda legal.
Hay muchas definiciones de la respuesta psicofísica a esta forma estrés porque según diversos estudios, estos conceptos, si bien pueden tener similitudes, no son lo mismo. Se puede estar estresada/o y seguir funcionando, aun cuando sea difícil. En cambio, cuando llegamos a lo que hoy puede llamarse Síndrome de burnout, etc. o, como se le llamaba hace 25 o 35 años atrás, surmenage llega, es necesario hacer cambios radicales en nuestra manera de enfrentar las tensiones. Ya a fines del decenio pasado, la Organización Internacional del Trabajo planteaba su preocupación ante el aumento de los índices de estrés laboral en el mundo. Para ese organismo, el estrés en el trabajo es uno de los grandes desafíos que se presentan a los gobiernos, a los empleadores y a los sindicatos.

Existen diferentes respuestas psicosomáticas individuales frente a estas situaciones Este síndrome ha recibido distintos nombres y descripciones que básicamente  presentan síntomas similares que podríamos sinterizar con estos signos y síntomas.

1.
 Agotamiento emocional, que se refiere a la disminución y pérdida de recursos emocionales
 
2.  Despersonalización o deshumanización, consistente en el desarrollo de actitudes negativas, de insensibilidad y de cinismo hacia los pacientes o receptores de servicio prestado.
 
3.  Falta de realización personal, con tendencias a evaluar el propio trabajo de forma negativa, con vivencias de insuficiencia profesional y baja autoestima personal
 
4. Síntomas físicos como cansancio y malestar general

Se han desarrollado una serie de síndromes que han recibido distintas denominaciones, entre otros,  mobbing, sobrecarga emocional, síndrome del Burnout, Síndrome de Desgaste Profesional, estrés  y strain que describen los síntomas y signos descriptos con algunas características distintas, pero que en el fondo tiene rasgos en común. Arbitrariamente  lo denominaremos como síndrome de agotamiento emocional. Para englobar a todos ellos
Atance Martínez en un artículo publicado en 1997 en España resume el desarrollo de los estudios sobre este síndrome.
“Este Síndrome  fue recibiendo aportaciones de otros estudiosos, hasta que en noviembre de 1981 se celebró en Filadelfia la I Conferencia Nacional sobre burnout, que sirvió para aunar los criterios. En estos primeros trabajos de Maslach y Jackson refieren una evolución del síndrome secuencial, por lo que se pasaría del cansancio emocional a la despersonalización y posteriormente a la falta de realización personal. Sin embargo, Golembiewski en 1986 y Leiter en 1989  plantean que no es necesario que esta secuencia tenga que producirse de una forma ordenada y opinan que el síndrome se puede presentar de forma aguda y crónica.
En 1980 Cherniss comenta que el síndrome puede darse como consecuencia de una sensación de ineficacia. Meyer en el mismo año se refiere a él como una pérdida progresiva del idealismo, de la energía y del propósito de los trabajadores de ayuda, como resultado de las condiciones de su trabajo frente a las demandas excesivas de los usuarios. Perlman y Hartman en 1982  aumentaron el interés por este campo debido a tres factores que señalan como fundamentales:

· El aumento de la importancia de los servicios humanos, individuales y colectivos.
· El incremento de la valoración y exigencia de los usuarios.
· El mayor interés por el estudio sobre el estrés y ambiente.
Otros autores citados por Schaufeli  se refieren al síndrome de burnout como el resultado de continuas y repetidas presiones emocionales asociadas con un compromiso intenso hacia los demás, durante un periodo de tiempo prolongado”!

¿Qué es hoy el estrés?

La  palabra estrés es la traducción española de stress, termino ingles que viene del latín “strictiare” que significa estrechar o constreñir. La etimología de la palabra es muy cercana a la palabra angustia. Como termino general estrés designa a todas las tensiones, exigencias y/o agresiones a las que es sometido el organismo humano o animal en forma aguda o crónica. También  se denomina estrés a la respuesta fisiológica y psicológica que manifiesta un individuo ante diferentes agentes estresores. 
Entre las muchas acepciones de estrés, José Navas utiliza una muy práctica: "cualquier estímulo o circunstancia real o imaginaria, que requiere que la persona haga algo diferente en su forma de actuar o pensar en dicha circunstancia o por un tiempo prolongado. Es decir, el estrés sería cualquier estímulo o situación que requiere adaptación o cambio de parte de la persona involucrada en la situación"

Hans Sayle describió en 1936 el síndrome general de adaptación detallando lo sejes biológicos de la respuesta inespecífica del organismo ante diferentes estímulos perturbantes o amenazadores a través del eje hipotálamo hipofisario y mucho se ha avanzado en ese terreno. Por su parte, la Organización Mundial de la Salud lo define como "el conjunto de reacciones fisiológicas que prepara el organismo para la acción". Visto así, el estrés no debiera ser un problema. Al contrario, sería una suerte de estímulo, una alerta. Por ejemplo, ante una situación inesperada de peligro, los cambios físicos producidos por el estrés en nuestro cuerpo (aumento de la presión sanguínea, entre otros) hacen que éste reaccione rápidamente frente al hecho, lo que puede resultar fundamental para, incluso, salvar nuestra vida. Se debe hacer una diferencia entre euestrés (buen estrés)  y distrés (mal estrés). El euestrés nos acompaña en nuestra vida diaria y es indispensable para el desarrollo y funcionamiento psicofísico y para l adaptación al medio. Puede llegarme a un punto donde las exigencias sobrepasen a nuestros recursos y nuestros rendimientos se tornen insuficientes. Las diferencias en las reacciones pueden ser muy distintas en los individuos frente a estímulos de la misma magnitud por razones idiosincrásicas o socioculturales. El distrés es la enfermedad del cambio rápido o excesivo que obliga a una adaptación constante. El distrés significa fracaso adaptativo y eso trae aparejado un cambio que implica al sistema nervioso central, al sistema nervioso autonómico, al sistema  inmunológico, y endocrino, incompletamente conocido en la actualidad y que luego intentaremos sistematizar  Este estado de  distrés o mal estrés se da cuando las demandas del entorno psicosocial son excesivas, intensas o prolongadas superando la capacidad de resistencia y adaptación del organismo. En este punto se llega a la inflexión en la curva de rendimiento humano, que en un primer momento detiene su crecimiento, se achata y finalmente comienza a descender si no se corrige el estrés.

No existe una única definición aceptada por la comunidad científica del término estrés, lo cual ha generado imprecisiones en hallazgos investigativos en esta materia. Desde hace varias décadas, y sobre todo en la actualidad, la ciencia en sus diversas disciplinas (medicina, psicología, sociología, etc.) ha venido estudiando el fenómeno del estrés, y aunque su uso se ha hecho frecuente en el lenguaje cotidiano y científico, aun existen dificultades para delimitar un concepto claro del término. La consecuencia más inmediata de esta confusión en el plano investigativo se evidencia en un sin número de investigaciones que intentan abordar el fenómeno pero que adolecen de una definición correcta, arrojando, en consecuencia, resultados poco precisos
En líneas generales, se acepta que el estrés se refiere a una activación, fisiológica y conductual, superior a la que el sujeto puede afrontar, sin embargo, a nivel metodológico, el concepto trae problemas ya que resulta difícil determinar si el evento considerado estresor ejerce la misma influencia en los sujetos en la misma forma y con idéntica repercusión

Existen diversas situaciones excepcionales en las que se producen graves amenazas para la integridad del sujeto que las padece, estímulos o agentes estresantes muy intensos que pueden afectar de forma considerable la salud del individuo. Ante estos acontecimientos el ser humano moviliza sus recursos con el fin de responder a estas situaciones; lo que se denomina como reacción o respuesta al estrés. En estas situaciones de grave amenaza intervienen una serie de variables como la vulnerabilidad biológica y los estilos de afrontamiento del sujeto que pueden determinar, de algún modo el tipo de respuesta que emita ante estas situaciones. La eminente presencia de un evento amenazante, el comienzo de una anestesia, el llamado para una emergencia,  genera la respuesta neurofisiológica del individuo en donde intervienen la activación nerviosa central, el sistema autonómico y el sistema neuroendocrino.
 
En general se acepta una definición transaccional del estrés, es decir, una en la que se considera que estrés es una situación, siendo relevante para el organismo, se percibe como amenazante, peligrosa, inexorable. Si en el intercambio con la situación se presenta un desbalance entre los recursos y estrategias de que se dispone el organismo para manejarla, afrontarla, y aquellas necesarias para lograr sus metas es entonces cuando podemos empezar a hablar del fenómeno estrés. Será sólo en esas condiciones en las que a los diferentes tipos de reacciones (emocionales, cognitivas, fisiológicas y conductuales) las podremos llamar reacciones de estrés y a la situación que generó el proceso, una situación de estrés o estresor como algunos prefieran llamarla 

El problema que presenta este tipo de definiciones es que a la hora de hacer estudios no podemos asumir tan fácilmente, sobre todo en el caso de investigaciones humanas, que la exposición a un determinado evento termine siendo estresor o estresante para todos los participantes y que por consiguiente, genere el mismo tipo de respuestas fisiológicas en cada individuo la presencia de variables individuales como estilos de afrontamiento, vulnerabilidad biológica, percepción de control o descontrol, por ejemplo, modulan  el desarrollo del estrés en cada individuo

Un factor que muchas veces no se toma en cuenta, es si el evento estresor es relevante o no para los participantes, si tienen experiencia previa con él, si los participantes están pasando por procesos de estrés independientemente del que se quiere estudiar, si los sujetos tienen o no percepción de control sobre la situación, etc. .
Queda claro, que el estrés se desarrolla cuando hay una activación fisiológica en el sujeto superior a la que él puede responder por medio de sus estrategias psicológicas, culturales, formativas y/o conductuales.

Más allá de las posibles definiciones de estrés, Humber propone tres puntos de vista desde los que se puede considerar el estrés:

 1.-
El estrés como situación, postulando que todos los estímulos del ambiente pueden actuar sobre el individuo como estímulos estresantes.
 2.- El estrés como reacción a corto plazo,  consiste en reacciones musculares, alteraciones fisiológicas y sentimientos vividos de manera subjetiva que aparecen como consecuencia de estímulos provocadores de estrés.
 3.- Estrés como reacción a largo plazo, que consiste en las alteraciones del rendimiento físico o psicológico de una persona, como consecuencia de que se encuentra desde hace tiempo bajo influencias del estrés

Implicaciones psicofisiológicas del estrés

Ante las situaciones de agresión  el ser humano moviliza sus recursos fisiológicos con el fin de responder a estas situaciones, lo que se denomina como reacción o respuesta al mismo. En estas situaciones de peligrosa amenaza intervienen una serie de variables que pueden condicionar de algún modo la respuesta del individuo ante las mismas. Entre las variables implicadas se destacan los agentes de estrés o estresores, según el tipo, gravedad o repetición de los acontecimientos; los factores individuales como la vulnerabilidad, la estabilidad emocional y los estilos de afrontamiento; y las variables ambientales. De la interacción de estos factores podemos encontrar diversas respuestas de estrés desde el punto de vista fisiológico, en las que intervienen la activación cerebral, autonómica y neuroendocrina. La respuesta se elabora a partir de un sistema de respuesta rápida, autonómica, básicamente el sistema simpático, y posteriormente por el sistema neuroendocrino, un sistema  de respuesta lenta o tardía 

En primer lugar, el ser humano es un organismo que se encuentra inmerso en un medio ambiente externo e interno con el cual se relaciona por medio de sus cinco sentidos (visión, audición, tacto, gusto y olfato). La preservación de alguno de esos sentidos y el estado de conciencia son necesarios para que el organismo pueda exponerse a un estado de estrés. Dado que en el desarrollo del estrés se encuentra implicada la percepción del sujeto, se requiere del funcionamiento de las estructuras cerebrales para el procesamiento de la información potencialmente estresante. En este sentido, podemos decir, entonces, que el proceso de activación necesario para desarrollar un estado de estrés se da, en primera instancia, por procesos nerviosos centrales (cogniciones: el procesamiento sensorial que hace el sujeto de la información)

En segundo lugar, la consecuencia del procesamiento sensorial es la activación del organismo para responder a la situación de amenaza.

Desde el punto de vista neurofisiológico se han descrito cuatro sistemas involucrados  en la respuesta al estrés
:
· Sistema nervioso central (procesador de la información): quien se encarga de reconocer y procesar la información que puede ser estresante o no.
· Sistema autonómico: quien se encarga de generar la primera respuesta al estrés. Esta respuesta se caracteriza por la liberación de catecolaminas: Noradrenalina y Adrenalina.
· Sistema neuroendocrino: genera una respuesta más lenta en el tiempo y básicamente se encarga de liberar los glucocorticoides quienes contribuye en la activación general del sistema nervioso y en la preparación al organismo para reaccionar.
· Sistema inmunitario. Hay similitudes funcionales entre el SNC y el sistema inmunitario.

Ambos reciben información y la procesan centralmente con células altamente especializadas sometidas posiblemente a control genético.
Y por último, el funcionamiento del sistema de procesamiento sensorial (proceso nervioso central), la respuesta autonómica, inmunitaria y la endocrina, retroalimentan constantemente al organismo para incrementar, mantener o disminuir la respuesta de estrés. Aunque son sistemas individuales, en la práctica sus funciones se mezclan en algún momento.




Implicaciones psiconeuroendócrinas del estrés
 

Los efectos de los glucorticoides ante la respuesta al estrés son importantes y necesarios, sin embargo, su activación a largo plazo puede generar efectos dañinos en la salud tales como aumento en la presión sanguínea, daño en el tejido muscular, diabetes esteroides, infertilidad, inhibición del crecimiento, de las respuestas inflamatorias e inmunológicas e incluso daños en estructuras cerebrales como el hipocampo
Por último, esta excitación vegetativa general y la simultánea tensión nerviosa (nivel de comportamiento motor) vuelven ahora al centro (el cerebro) iniciando el feedback sobre el estado de los receptores internos del cuerpo. Esta retroalimentación puede tener como consecuencia un incremento adicional de la excitación general (estimulación del sistema simpático) y, a la inversa, una relajación (estimulación del sistema parasimpático), al disminuir la excitación o al influir correspondientemente sobre todo el proceso
Estos sistemas se retroalimentan  constantemente trayendo como consecuencia un incremento, mantenimiento o disminución de la activación producto del estrés. A nivel general se produce una variación endocrina metabólica, que ha sido considerada como un mecanismo homeostático inevitable, tras las agresiones síquicas y/o físicas de estrés, que conducen a estados hipermetabólicos y de movilización de sustratos energéticos que terminan alterando la homeostasis del organismo.  La respuesta neuroendocrina  es una eferencia que resulta de un estímulo aferente, se manifiesta con cambios hormonales, metabólicos, hemodinámicos y en ocasiones inmunológicos, que alteran la homeostasis normal del individuo.

Sea cual fuera el mecanismo desencadenante, provoca una típica reacción de estrés, caracterizado por hipersecreción de ACTH, STH, vasopresina, cuya traducción sistémica radica en un estado predominantemente catabólico, con elevación de las concentraciones plasmáticas de catecolaminas, cortisol y glucagón, hipoinsulinemia y caída de los valores plasmáticos de hormonas tiroideas. La activación permanente de estos sistemas  puede generar daños permanentes en diversas estructuras del organismo que se traducen en enfermedades y patologías.

Implicaciones  psicoinmunológicas  del estrés

La activación inmunitaria implica procesos de respuesta lentos, dado que la información que lo regula pone en juego procesos de síntesis proteica y esta sujeta a múltiples influencias inespecíficas. El hipotálamo regula esta actividad inmunitaria mediante diversos mecanismos, ordenando los procesos de procesamiento de información y síntesis de proteínas que serán destinadas a la defensa tisular y protección orgánica. Posiblemente el endotelio también  regule la respuesta en algunas células a través de la síntesis de oxido nítrico.

Según datos de la experimentación animal y de la observación clínica humana, el distrés tiene efectos inmunosupresores o de inhibición inmunológica. Esta acción se expresa a través  de la aparición de fenómenos alérgicos, infecciones, enfermedades auto inmunes y patología psicosomática. En animales es aislamiento prolongado, la agresión continua  y la restricción física incrementa la susceptibilidad a infecciones virales, disminución del titulo de anticuerpos y de la producción de interferones. En un estudio se observo  en 26 sujetos que habían perdido a sus cónyuges, por enfermedad o accidente alteraciones en la función de los linfocitos T encargados de la inmuno vigilancia y la eliminación de células extrañas seis semanas después del fallecimiento.

Asimismo la insatisfacción y la tensión crónica han demostrado que aumentan la incidencia de herpes labial y de la recurrencia del herpes genital. Actualmente se sabe también  que durantes periodos de distrés  aumenta la incidencia de reacciones alérgicas, asma, rinitis. Asimismo recrudecen las enfermedades auto inmune como lupus eritematosos sistémico, artritis reumatoidea, miastenia gravis y tiroiditis de Hashimoto cuando hay exposición al estrés prolongado en personas predispuestas.

La respuesta inmunitaria se encuentra pluridetrminada por factores diversos factores como algunos estructurales,( dotación genética, edad, sexo, estado nutricional, antecedentes personales, estados biológicos transitorios), sistemas neuroendocrinos, factores situacionales y ambientales que inducen un cambio adaptativo, euestrés, pero cuando esos sistemas fallan se entra en el distrés o cambio desadtativos. Todas estas variables interactúan para determinar la respuesta inmunitaria y el grado de de resistencia a distintas enfermedades. La respuesta inmunitaria a su vez integra la regulación de este sistema mediante procesos de retroalimentación similares a los neuroendocrinos.

Respuestas y modificaciones conductales.

Los procesos de salud colectiva y la cotidianeidad de los grupos sociales son determinados de manera compleja por los modos y condiciones de vida, que atraviesan material y simbólicamente al proceso de salud – enfermedad - atención.
Cuando se da un fracaso adaptativo, el organismo pierde la posibilidad de controlar el medio con su conducta. Estas conexiones entre la conducta y la actividad cognoscitiva, tienen lugar en un contexto de desorganización funcional del organismo. Podemos dar cuenta que para cada mecanismo de defensa hay diferentes conductas en los seres humanos, Pero las conductas, conocimientos médicos, adecuado lugar de trabajo, grado de responsabilidad, estado psicofísico pueden mejorar o empeorar la adaptación. En todos los casos hay que considerar la resistencia o vulnerabilidad específica individual a semejantes factores de riesgo y sus variadas respuestas subjetivas y particulares que hacen llegar al distrés, con distintas magnitudes dependiendo de la personalidad de cada uno de los individuos expuestos. Muchas veces la persona presenta esta reacción de distrés luego de tres meses del inicio de los mismos por no haberse podido adaptar eficazmente a estos factores estresantes. Muchas veces estos cambios deben ser significativos e inesperados. En todos los casos es necesario considerar la predisposición o fragilidad individual.

Primera conclusión

Múltiples estudios epidemiológicos han demostrado la asociación entre salud y trabajo. Los investigadores consideran que los factores psicosociales pueden causar o agravar problemas de salud como asimismo pueden favorecer procesos de salud La ausencia de planes institucionales es alarmante. Esto constituye un obstáculo para la prevención. Como puede advertirse, la identificación, cuantificación y control requiere de la colaboración interdisciplinaria del equipo de salud incluyendo: médicos laborales, especialistas en higiene, psicólogos, antropólogos, sociólogos, ergónomos economistas, etc. La misma debe contar no solo con el apoyo de las autoridades laborales, sino colegios médicos, instituciones científicas y sindicatos relacionados con la salud.


 
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 Comentarios de los lectores
 

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Dr. Eduardo Ferrer   hace más de un año
Es increíble q hoy día, ampliamente conocidos los graves efectos de la sobrecarga laboral y sobretodo del trabajo nocturno, para la salud del trabajador en general y más aún si de el depende la salud de numerosas personas-pacientes, como es el caso de los trabajadores de la salud, más aún en áreas críticas como la anestesiología, no existan pautas laborales sino establecidas por ley al menos orientativas, q regulen y limiten las actividades, tal como existen para la mayoría de las labores desde piloto de avión hasta servicio doméstico.
No se alcanza a comprender q el valor económico y laboral de la formación médica y la experiencia ganada en años de trabajo es un capital importantísimo con el q cuenta una sociedad, y q por lo tanto debe protegerse para q no se disipe o menoscabe con las enfermedades y aún la muerte prematura de dichos profesionales de la salud.

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