El uso, notablemente frecuente, de la medicina alternativa en el manejo del cáncer y de los efectos secundarios asociados con su tratamiento ha adolecido del respaldo de las necesarias evidencias científicas. Es el caso del ginseng, planta cuya administración en numerosos pacientes con cáncer ha venido únicamente avalada por los estudios en modelos animales y por la suposición, aun no contrastada científicamente, de que los ginsenoides –sustancias esteroideas– incluidos en su composición inducen un incremento de energía o, lo que es lo mismo, una reducción de la fatiga. Es por ello que la Clínica Mayo de Rochester (EE.UU.) ha desarrollado un estudio con el objetivo de evaluar el efecto del ginseng sobre la fatiga de estos pacientes.
En palabras de la directora de la investigación, Dra. Debra Barton, “la fatiga afecta significativamente la calidad de vida de muchos pacientes con cáncer, razón por la que la identificación de cualquier alternativa que pueda contrarrestar su presentación debe ser considerada una prioridad”.
Los 282 pacientes incluidos en el estudio recibieron, de acuerdo con un criterio aleatorio, la administración diaria de placebo o de 750 g, 1.000 g ó 2.000 g de ginseng. Todos los participantes, pacientes con diversos tipos de cáncer y una esperanza de vida inferior a los seis meses, habían padecido episodios de fatiga durante el mes previo a su inclusión en el estudio.
De acuerdo con los resultados, presentados en el día de ayer en el marco de la 43 Reunión Anual de la Asociación Americana de Oncología (ASCO) que se está celebrando en Chicago (EE.UU.), más del 25% de los pacientes que recibieron 1.000 ó 2.000 g diarios de ginseng manifestaron sentirse “menos, o incluso mucho menos, fatigados”, si bien la propia Dra. Barton reconoció que “dado que se trata de un estudio piloto, no podemos determinar si el ginseng disminuye realmente los niveles de fatiga. Ni tampoco, lógicamente, cuál sería la dosis más adecuada”.
En este contexto, cabe asimismo resaltar las evidencias que, derivadas de un estudio desarrollado por investigadores de la Universidad de Duke, muestran cómo la administración de suplementos de linaza podría realentizar el crecimiento del cáncer de próstata.
Por el contrario, el estudio llevado a cabo con 384 pacientes con cáncer de pulmón no microcítico para evaluar el efecto de la adición de extracto de cartílago de tiburón al tratamiento estándar con quimio y radioterapia ha constatado la inutilidad de tal medida. De hecho, la media de supervivencia en este ensayos clínico en fase III del Instituto Nacional del Cáncer estadounidense resultó incluso superior en el brazo placebo (15,6 versus 14,4 meses). Como apuntó el Dr. Charles Lu, profesor del Departamento de Cáncer Torácico de Cabeza y Cuello de la Universidad de Texas-MD Anderson Cancer Center de Houston (EE.UU.) y director del estudio, “es cierto que los resultados son negativos, pero este trabajo muestra el beneficio de llevar a cabo de manera rigurosa estudios científicos con potenciales agentes anticancerígenos, incluidos aquellos que algunos consideran terapias alternativas”.